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#Sputnik, El Perrito “Estelar” Qué Dejó Huellas De Amor

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#HistoriasReales| #HistoriaDeSputnik|#DiaMundialDeLosAnimales|

Hola, mi recordada familia. Siento que ha pasado más de un mes desde la última vez que me oyeron ladrar sin parar, que me brindaron mi comida favorita (añoraba esos manjares humanos), que me llevaron al parque (parecía loco corriendo), que les esperaba acostado en la entrada de la puerta olfateando su llegada para empezar a mover sin descanso la cola y recibirlos con una alegría descomunal. Concibo que la casa se siente un poco silenciosa y que a veces, por la costumbre, aún miran de reojo hacia mis espacios preferidos esperando encontrarme dormido o pensativo (en mi mundo perruno).

 

Mi partida, a propósito, fue inesperada, lenta y dolorosa por un cáncer que invadió mis intestinos. Me sentía cansado, dolorido y asfixiado. La asfixia de un momento a otro paró mi corazón. Todo fue rápido. Quedé a los pies de mi papá terrenal, sin aliento, sin vida. Escuchaba su llanto desesperado en la lejanía…Para él fue un momento cruel, lo sé. Con él y su familia conviví desde cuando tenía un mes de nacido. Me adoptaron sacándome prácticamente de las entrañas familiares (mi mamá y tres hermanitos). Aquí entre nos, siempre viví una “vida de perro” rico porque tenía techo, comida y dormida a la fija, en el “hotel mamá”.

Recuerdo que por el color azul de mis ojos era la revolución canina entre los allegados a la familia adoptiva. Me llevaban y cargaban entre brazos como a un bebé humano a reuniones sociales y eventos deportivos en los que nunca pase desapercibido. Fui su amigo, compañía, amor y diversión. Debo agradecer desde este sueño eterno porque se preocuparon por mi salud, mi educación, mi entretenimiento y mi calidad de vida. Vi y sentí el gran esfuerzo para protegerme de lo bueno, lo malo y lo feo durante mi niñez, adolescencia y decadente vejez. Lo tuve todo hasta cuando cumplí 14 años de vida perruna…

Mi Orbital Nombre Y Algunas Pilatunas
Me bautizaron con el nombre de Sputnik, como una manera de hacer apología a la carrera de Astronomía que estudiaría una de las autoras de incursionar a mi poderosa familia. Mi nombre también causó curiosidad durante toda mi vida terrenal, incluso el día de mis exequias fue tema de honorable discusión entre propios y extraños. Al principio no entendía muy bien por qué, pero ahora siento que tienen toda la razón: mi misión en este mundo no era descubrir galaxias, sino orbitar alrededor de mis más cercanos, llenando sus vidas de todo el amor que mi pequeño cuerpo perruno podía almacenar.

Y la verdad es que hice honor a mi nombre desde el primer día: ¡llegué como un auténtico meteorito a revolucionar sus vidas! Sé que al principio les saqué canas. ¿Cómo olvidar mi gran debut, cuando decidí explorar la plomería de la casa y terminé rompiendo un tubo del agua? O aquella vez que vi un celular completamente nuevo y pensé: «Esto debe ser un juguete masticable interactivo muy costoso», y me lo tragué literalmente. Tampoco puedo evitar mover la cola al recordar el día en que decidí «rediseñar» a mordiscos ese par de zapatillas originales y nuevecitas.

Sí, fui un terremoto de cuatro patas. Pero lo más hermoso de mi historia es que, a pesar de los desastres y de los «¡Sputnik, no!», el enojo les duraba apenas unos segundos. Bastaba con que los mirara con mis ojos de inocencia para que todo quedara perdonado. Así descubrí mi verdadero superpoder: era un perro extremadamente consentido y amado. Tan amado que todas las mañanas en la entrada de la cocina sentía la obligación de saludar con mi “patita” izquierda a mi padre como una forma respetable de agradecer por aguantar las “jugadas o malestares” del día anterior y desearle un alentador día.

¡Fui un perro afortunado! Si pudiera resumir mi vida en una sola palabra, sería consentido. Sentí ser el rey de la casa y lo supe desde el primer instante en que me abrieron sus brazos. Recuerdo perfectamente cada caricia detrás de las orejas, los mimos por las mañanas cuando apenas se despertaban y esa forma tan especial en la que me hablaban, con una voz suave que me hacía sentir el ser más importante del universo. En sus ojos yo nunca fui «solo una mascota»; fui un hijo, un hermano, un confidente silencioso que sabía exactamente cuándo necesitaban un lengüetazo de apoyo en la mano.

Sputnik Se Despide, Pero Queda En La Memoria
Hace un mes, mis ojitos que alguna vez fueron azules cambiaron a un hermoso color miel, reflejando la madurez de todo el amor que me dieron. Mi cuerpo se cansó y un paro cardíaco me obligó a emprender un viaje diferente, deteniendo mis “patitas” pero jamás lo que sentía por ustedes. Tuve que despedirme de la Tierra de forma inesperada, pero quiero que sepan algo con total certeza: no me fui triste ni con miedo. Me fui con el corazón desbordando gratitud, sabiendo perfectamente lo que es tener un hogar de verdad y una familia que me amó sin condiciones.

Hoy, en el Día Mundial de los Animales, yo también celebro desde aquí arriba la maravillosa familia que me tocó. Cuando miren al cielo por las noches y vean una pequeña luz brillando con fuerza, no lo duden: soy yo, su Sputnik, que sigo orbitando cerca, cuidando sus pasos y agradeciéndoles por haberme dado la vida más hermosa que un perrito pudo soñar. Sentir el calor de sus manos y sus voces susurrándome hasta el último segundo fue el regalo más hermoso que me pude llevar; crucé el puente sabiendo que fui el perro más feliz del mundo gracias a ustedes.

Gratitudes por amarme tanto. Yo los sigo amando desde mi propia estrella.

#TeExtrañoAmigo|#CieloPerruno|#MascotaDeContenidoWeb

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